El 4 de febrero de 2026 se publicó en la revista Nature un estudio que me da la impresión, y sin duda la esperanza, de que estamos ante un antes y un después en la forma de entender la enfermedad de Parkinson. El trabajo, fruto de una impresionante colaboración internacional, propone que el Parkinson no es, como se ha asumido durante décadas, únicamente un trastorno del movimiento centrado en los ganglios basales y la dopamina, sino un problema de red cerebral, con un nuevo protagonista: la SCAN (Somato‑Cognitive Action Network).
A continuación, cuento algunas cosas fruto de la lectura emocionada de estos últimos resultados (ayudado por diversas fuentes que enlazo al final y la inestimable ayuda de una IA generativa):
La red SCAN, definida en otro artículo en Nature de 2023, es un sistema cerebral que integra movimiento, cognición y funciones automáticas. El estudio viene a demostrar que, en las personas con Parkinson, esta red presenta una hiperconectividad anómala con zonas profundas del cerebro.
Este hallazgo desplaza el foco del modelo clásico centrado en la degeneración dopaminérgica, y que justifica el principal enfoque farmacológico de los tratamientos realizados hasta ahora, hacia una visión que implica fallos en redes más amplias del cerebro.
Los autores lo plantean de forma contundente: el Parkinson es un trastorno SCAN, es decir, un problema de la dinámica entre esta red y las estructuras profundas con las que se comunica. Hay, no obstante, algo interesante: el hallazgo afirma que los tratamientos actuales (farmacológicos, cirugía u otros más recientes, como ultrasonidos) funcionan, pero no por la generación de dopamina que desencadenan sino porque, sin saberlo, están reduciendo la hiperconectividad patológica. Dicho de otro modo, los tratamientos del Parkinson, sin saberlo del todo (hasta ahora), están "normalizando la red".
Pero aquí está el quid de la esperanza que genera este descubrimiento y redefinición: defiende que el tratamiento que realmente va a atacar el problema es el de las técnicas de estimulación cerebral no invasivas mediante ultrasonidos que, correctamente aplicadas a los nodos de la red SCAN (y no donde se estaba aplicando hasta ahora) muestra mejoras muy significativas tanto en síntomas motores como cognitivos.
Esta redefinición de la enfermedad de Parkinson entra dentro de lo que en La estructura de las revoluciones científicas Thomas Kuhn denominó un cambio de paradigma. El viejo paradigma, según los autores del descubrimiento, no explicaba por qué el Parkinson también afecta a la cognición, al sueño, al estado anímico..., por qué algunos síntomas no responden igual que otros a la medicación. Para mí, me parece que este cambio es tan revolucionario como el que Kuhn describe con el descubrimiento del oxígeno y la superación de la teoría del flogisto. Y, a su vez, tiene los mismos riesgos: el tratamiento del Parkinson está clarísimamente dominado por una potente industria farmacéutica que domina la producción y distribución de un amplísimo cóctel de medicamentos antiparkinsonianos. La reina del baile es la levodopa (cada paciente consume entre tres y cinco pastillas diarias) y, aunque el estudio no indica que su acción sea completamente desacertada, el cambio de paradigma que conduce hacia otras terapias me parece que pone en riesgo la posición de estos tratamientos farmacológicos en este particular mercado.
Todo está por ver, pero es significativo que las técnicas no invasivas mediante ultrasonidos, que llevan años en desarrollo, no se hayan extendido lo suficiente hasta ahora y que, en cambio, el enfoque siga siendo hasta hoy farmacológico y, en menor medida, quirúrgico. Será importante ver las resistencias (como viejos teóricos del flogisto) que puedan poner a este revolucionario desarrollo los defensores de la perspectiva farmacológica.
Es momento de celebración, por un lado, para la ciencia, por seguir activa buscando ir más allá de las anteriores fronteras y abrir la mirada a nuevas perspectivas que expliquen lo hasta ahora inexplicable. Por otro lado, es momento de alegría y esperanza para los pacientes, aunque también de vigilante atención y reivindicación, para que se introduzcan en nuestros sistemas sanitarios las terapias que se están demostrando como más efectivas. Que sigan investigando, pero también que se siga invirtiendo en tratamientos que ayuden a esta enfermedad.
Artículo original: https://www.nature.com/articles/s41586-025-10059-1
Enlaces de interés: