jueves, 28 de mayo de 2026

Aportaciones a la comprensión sociológica de la ciudadanía (2): el estudio del Derecho y la política de la nacionalidad

Cuando me incorporé a trabajar como investigador postdoctoral en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC, comencé a trabajar junto con Francisco J. Moreno Fuentes en una cuestión central para la comprensión sociológica de la ciudadanía: el acceso a la nacionalidad de los extranjeros, con particular interés en el caso español. El acceso a la nacionalidad sigue siendo una paso imprescindible para el reconocimiento y el ejercicio de la ciudadanía: el rito de paso fundamental, aunque no único ni definitivo, para la consideración de una persona como ciudadana, al menos desde la perspectiva formal.

Comenzó entonces una interesante y fructífera colaboración, que se extiende hasta la actualidad, con Globalcit (Global Citizenship Observatory), observatorio para el cual trabajo períodicamente como country expert sobre la evolución y actualización de la legislación de nacionalidad para el caso español.

A partir de los informes que realizamos para el observatorio, nos planteamos que el caso de la obtención de la nacionalidad en España, desde la perspectiva sociológica de la producción del Derecho, bien merecía un análisis propio, por sus características intrínsecas: un país volcado desde la década del 2000 hacia la inmigración pero que tenía (y tiene hoy día, porque nuestra hipótesis no ha hecho más que confirmarse) una legislación de la nacionalidad volcada en una reconstrucción del pasado político y cultural de la nación que facilita el acceso a la nacionalidad a los nacionales de los países hispanoamericanos (en realidad, iberoamericanos) y, en cambio, mantiene uno de los plazos más extensos de residencia (10 años) conocidos en el Derecho comparado para los nacionales del resto de países. Digo que nuestra hipótesis no ha hecho más que confirmarse porque lo que planteábamos es que este sistema no iba a cambiar en el tiempo, sino que se iba a consolidar (a anquilosar, más bien), como así ha sucedido: no hay cambios sustantivos en el sistema desde entonces y lo único que se ha hecho ha sido reforzar el imaginario cultural de la comunidad "hispana": reconocimiento a los sefardíes y "ley de memoria" para la ampliación de las facilidades de obtener la nacionalidad en los países hispanoamericanos.

El artículo se publicó en International Migration Review con el título Migration and Citizenship Law in Spain: Path-dependency and Policy Change in a Recent Country of Immigration y desde su publicación sigue suscitando mucho interés, y sigue citándose con frecuencia, como la referencia fundamental y de síntesis del caso español. El hecho de haber acertado en el diagnóstico creo que tiene un gran efecto hoy día en seguir siendo de actualidad, como han reconocido investigaciones que se han acercado recientemente al tema (ver Pasetti y Schweitzer, 2025).

Acceso al original:

Martín-Pérez, A. and Moreno-Fuentes, F.J. (2012), Migration and Citizenship Law in Spain: Path-dependency and Policy Change in a Recent Country of Immigration. Int Migr Rev, 46: 625-655. https://doi-org.sire.ub.edu/10.1111/j.1747-7379.2012.00899.x

Link a la versión postprint:

https://hdl.handle.net/2445/225030

martes, 26 de mayo de 2026

Aportaciones a la comprensión sociológica de la ciudadanía

Desde mis primeros años de formación en sociología -y acompañando con gran sentido mi formación en Derecho-, mi principal preocupación de conocimiento ha sido comprender la dinámica de la ciudadanía en nuestras sociedades contemporáneas. A ello he dedicado mis trabajos de investigación y también ha sido un principio orientador de mi actividad docente.

En esta serie, quiero repasar las aportaciones de algunos de mis trabajos sobre la cuestión. Y, como no, voy a empezar por mi escrito más querido, el artículo "El concepto de ciudadanía en la obra de Dominique Schnapper: entre el tipo ideal sociológico y el ideal de sociedad democrática" publicado en Política y Sociedad, 53(1) en 2016.

En este artículo me planteé el objetivo de reconstruir la evolución del concepto de ciudadanía en la obra de Dominique Schnapper, quien precisamente dirigió mis primeros pasos en el universo académico. Ella tutorizó mi memoria de DEA (Martín Pérez, A. (2002) Politique d'immigration et associations d'immigrés dans la communauté autonome de Madrid. Mémoire de DEA (MsC). École des Hautes Études en Sciences Sociales, Paris) y drigió mi tesis doctoral, más adelante publicada con el título "Les étrangers en Espagne: la file d'attente devant les bureaux de l'immigration", libro del que hablo aquí.

Opté por trazar la construcción paulatina del concepto de ciudadanía en la obra de mi mentora por varios motivos. En primer lugar, quería hacer una contribución que dotara de sentido a las investigaciones empíricas sobre la cuestión. No había una definción clara y completa de qué se entiende por "ciudadanía", sino muchas aproximaciones parciales y muy diversas, en variados contextos culturales. La obra de Dominique Schnapper, leída conjuntamente, reflejaba una evolución intelectual que colmaba muy bien esta laguna. Además, quería hacer un texto precisamente en español como una manera de traer al debate sobre nuestra forma de ver la ciudadanía desde su perspectiva "francesa". El artículo tiene, por tanto, un cierto aire de homenaje, pero sobre todo de búsqueda de comprensión sociológica profunda de la noción de ciudadanía como principal aportación de la autora.

El artículo destaca la tensión central entre una aproximación académica de la ciudadanía como herramienta analítica y su defensa como ideal normativo de las sociedades democráticas. En sus obras de los años 1990, la ciudadanía aparece estrechamente ligada al proceso de construcción nacional y cumple simultáneamente ambas funciones, como tipo ideal sociológico y como ideal de sociedad. Pero en sus obras de finales de los 90 (especialemente a partir de La relation a l'Autre, obra maestra de sociología contemporánea) se van incorporando a la reflexión las experiencias individuales y la vivencia de la democracia, incluyendo la ciudadanía económica y social, que amplía la pespectiva y hacen que la idea de ciudadanía aparezca como más útil para comprender las dinámicas sociales contemporáneas en términos de pertenencia, derechos, igualdad y participación política y social.

El artículo se mantiene fiel a las categorías analíticas de Dominique Schnapper, aunque estas se ponen en diálogo con los principales referentes internacionales del debate. Además, el texto no es neutro: adopto una defensa implícita de la ciudadanía como fundamento normativo, sin perder de vista su utilidad para el análisis sociológico. Esto se hace necesario ante el emborronamiento del debate intelectual en las últimas décadas y la necesidad de cohesión, igualdad y reconocimiento de derechos en nuestras sociedades para que se puedan presentar como sociedades realmente democráticas. 

Links para consultar el artículo:





miércoles, 29 de abril de 2026

Hipótesis sobre el absentismo en la universidad

Me ha resultado muy familiar la noticia de la preocupación de una universidad cercana por el marcado absentismo de los estudiantes en la universidad, acelerado desde 2020, pero especialmente en los últimos dos cursos, coincidiendo con la explosión de la inteligencia artificial generativa. Quienes estamos a pie de aula lo vivimos directamente y yo diría que las cifras aportadas incluso se quedan muy cortas si hablamos de las formaciones de ciencias sociales: son muchos más los que no van a clase y faltan mucho más de lo que admiten en el estudio.

Quiero aportar dos hipótesis interconectadas para intentar comprender el fenómeno. Una extrínseca, del mundo que nos rodea hacia la universidad, y la otra intrínseca, resultado de las dinámicas internas de la institución.

La primera la podríamos llamar la hipótesis del "declive de la institución": el absentismo sería reflejo y resultado de la pérdida de legitimidad en general de las instituciones en la época de las comunicaciones inmediatas masivas. Pensémoslo bien: cuatro años de estudios para obtener unas credenciales que, aunque siguen aportando legitimidad a la consecución futura de unas mejores condiciones laborales y de vida en general, contienen una promesa indeterminada que tiene que competir con un mundo en el que se nos vende constantemente la certeza de que los éxitos son muy rápidos, prácticamente inmediatos, que todo se consigue en poco tiempo con estrategias adecuadas. Este aire dominante hace que sea difícil persuadir de la necesidad pausada de la construcción del conocimiento, de la reflexión sobre el saber, de la profundidad necesaria en el ejercicio reflexivo, del trabajo sobre sí mismo. La institución de la universidad, como tantas otras, ve en serio riesgo su legitimidad como templo del conocimiento, espacio de la transmisión del saber, rito de paso hacia una madurez con más garantías de una mejor vida y carrera profesional. Se banaliza. En más de una ocasión se la desprecia. Estaría perdiendo su representación simbólica y su capacidad integradora como institución de la modernidad.

Pero esta imágen de fuera hacia dentro no puede ser una única hipótesis que nos haga caer en el victimismo. Hay dinámicas intrínsecas que también favorecen el declive, en este caso, de la actuación docente del profesorado. Y es que hay que partir de la constatación de que la docencia universitaria está muy devaluada desde dentro. El público debe saber que el sistema universitario de retribuciones, promociones, consolidación de carreras y ascensos no solo no premia la docencia (sea buena o mala), sino que la considera una "carga", eso sí obligatoria, que lastra la productividad académica del personal, orientada casi exclusivamente por las realizaciones en el ámbito de la llamada investigación. En mi universidad se utiliza directamente la expresión burocrática "carga docente". Es algo que tal vez no perciben o conocen directamente los estudiantes, pero tiene un efecto directo fundamental: por un lado, el profesor tiene todas sus energías puestas en el próximo "paper" que tiene que publicar y dar clase le saca de su ensimismamiento y, por otro, y esto me parece más importante, el detalle de la especialización tan específica del último "paper" publicado tampoco puede explicarlo en clase ya que la docencia, al menos en las formaciones de grado, exige unos conocimientos básicos a los que no responden los artículos que publican los académicos. Ya no se publican manuales universitarios, aparte de porque tendrían difícil venta, porque estos están increíblemente excluidos de las retribuciones a la investigación. En fin, esto hace que el profesorado -no todo, obviamente, pues en esta profesión no falta vocación en muchísimos casos- acabe no poniendo el 100% de su energía en las clases y esto, quieras que no, tiene un efecto sobre la reacción de los estudiantes.

Propongo empezar por estas dos hipótesis, pero no podemos quedarnos sin opinar sobre posibles soluciones. Mi primera solución es profundamente ideológica: si queremos volver a ser optimistas sobre la historia, el devenir y el destino de la humanidad, tenemos que reivindicar las instituciones que han articulado el progreso de nuestras sociedades. La universidad ha de ser reivindicada, contra viento y marea, como el templo del saber, de la permanencia y transmisión del conocimiento, de la razón, del debate y de la libre reflexión, sin invenciones (innovaciones) ni relativismos. Hemos llegado a un punto en que no nos basta con dar cuenta de la crisis de nuestras instituciones, hay que volver a legitimarlas porque hoy es evidente que el camino que hemos estado siguiendo en esta postmodernidad nos ha conducido a un mundo mucho peor que en el que se asentaban las instituciones de la modernidad. En segundo lugar, las soluciones prácticas deben asentarse en lo anterior: las reacciones de los estudiantes, y del público en general, son a veces confusas. Muchos reclaman menos clases magistrales, otros precisamente piden que se refuercen. La clase magistral es necesaria, pues en ella radica la legitimadad del profesor como transmisor de conocimiento, pero dotada de las herramientas de la modernidad: la reflexión, el debate, el diálogo, la construcción conjunta de los saberes. Ni más ni menos clases magistrales: se trata de volver a dotarlas de sentido, sin menoscabo de una necesaria aproximación práctica que es la propia del mundo en que vivimos. Se habla también de reacciones coercitivas, como volver al papel manuscrito o al examen oral. Me parece bien, pues afecta a procesos que se están perdiendo con la exigencia constante de inmediatez: la reflexión y la interiorización de conocimientos. Pero, por otro lado, sin exageraciones: leo y veo en compañeros de la universidad reacciones luditas contra la inteligencia artificial y las tecnologías (solo cuando las usan los estudiantes, no si sirven para ayudar en los "papers"). No podemos tampoco nadar contracorriente, pues esto deslegitima aún más nuestras instituciones. Y finalmente, por no hacerme muy largo, reivindicar las instituciones de la modernidad es también defender su buen funcionamiento: luchar contra las derivas de la burocracia (complejo, ya lo explicó Weber hace más de un siglo) con soluciones que aporten sencillez y claridad, como grados en ciencias sociales de 3 años en lugar de 4, como en la mayoría de países europeos, sistemas de módulos y seminarios, no de "asignaturas" cerradas con grupos masificados (en aulas vacías), planes de estudios elaborados por quienes los llevan a la práctica y no por comisiones opacas, reconocimiento debido de la (buena) actividad docente del profesorado...

El debate está abierto y las soluciones son necesarias.

lunes, 23 de febrero de 2026

La ciencia tampoco debería ser dar palos de ciego

 "Un nuevo estudio vincula la enfermedad de Parkinson con las bacterias intestinales", "Un indicador del Parkinson estaría escondido en el pelo", "Implantan células madre productoras de dopamina en pacientes con Parkinson", y esto solo es un ejemplo de noticias de las últimas horas y días.

Me alegra enormemente que se esté investigando y difundiendo tanto sobre el Parkinson (y sobre tantas otras enfermedades), pero me da la impresión de que buena parte de la ciencia que se financia va continuamente dando palos de ciego y siguiendo vías de conocimiento sin resultados más allá de pequeñas, y tal vez casuales, correlaciones estadísticas. Un asunto cardinal es el interés compartido tantas veces en orientar la investigación a la producción y prueba de medicamentos como único objetivo, y no tanto de la búsqueda y la eficacia de distintos tratamientos, que no siempre tienen que ser farmacológicos.

Tampoco se trata de apostar por una "ciencia lenta" (los pacientes -con un meritorio grado de paciencia- queremos respuestas que, además de servir a las futuras generaciones, nos alcancen a nosotros mismos en vida), sino por la ciencia sin coletillas. Pero la ciencia es un campo complejo, un campo político de intensas luchas de poder entre facciones o camarillas (en el ejemplo, los de neuroimagen apostando por lo suyo, los de las bacterias intestinales por su parte, los de la genética por otro lado...) con diverso capital y formas de movilización del mismo. La cooperación parece difícil, aunque en este ámbito, en medicina y en las ciencias llamadas "duras", no debería serlo ya que para la sociedad está meridianamente claro que los beneficios de la cooperación redundan en el bienestar humano. Pero los egos, las figuras, los intereses económicos también juegan un importante papel en los procesos de la ciencia.

martes, 10 de febrero de 2026

Una nueva mirada al Parkinson: un cambio de paradigma esperanzador

El 4 de febrero de 2026 se publicó en la revista Nature un estudio que me da la impresión, y sin duda la esperanza, de que estamos ante un antes y un después en la forma de entender la enfermedad de Parkinson. El trabajo, fruto de una impresionante colaboración internacional, propone que el Parkinson no es, como se ha asumido durante décadas, únicamente un trastorno del movimiento centrado en los ganglios basales y la dopamina, sino un problema de red cerebral, con un nuevo protagonista: la SCAN (Somato‑Cognitive Action Network).

A continuación, cuento algunas cosas fruto de la lectura emocionada de estos últimos resultados (ayudado por diversas fuentes que enlazo al final y la inestimable ayuda de una IA generativa):

La red SCAN, definida en otro artículo en Nature de 2023, es un sistema cerebral que integra movimiento, cognición y funciones automáticas. El estudio viene a demostrar que, en las personas con Parkinson, esta red presenta una hiperconectividad anómala con zonas profundas del cerebro.

Este hallazgo desplaza el foco del modelo clásico centrado en la degeneración dopaminérgica, y que justifica el principal enfoque farmacológico de los tratamientos realizados hasta ahora, hacia una visión que implica fallos en redes más amplias del cerebro.

Los autores lo plantean de forma contundente: el Parkinson es un trastorno SCAN, es decir, un problema de la dinámica entre esta red y las estructuras profundas con las que se comunica. Hay, no obstante, algo interesante: el hallazgo afirma que los tratamientos actuales (farmacológicos, cirugía u otros más recientes, como ultrasonidos) funcionan, pero no por la generación de dopamina que desencadenan sino porque, sin saberlo, están reduciendo la hiperconectividad patológica. Dicho de otro modo, los tratamientos del Parkinson, sin saberlo del todo (hasta ahora), están "normalizando la red". 

Pero aquí está el quid de la esperanza que genera este descubrimiento y redefinición: defiende que el tratamiento que realmente va a atacar el problema es el de las técnicas de estimulación cerebral no invasivas mediante ultrasonidos que, correctamente aplicadas a los nodos de la red SCAN (y no donde se estaba aplicando hasta ahora) muestra mejoras muy significativas tanto en síntomas motores como cognitivos.

Esta redefinición de la enfermedad de Parkinson entra dentro de lo que en La estructura de las revoluciones científicas Thomas Kuhn denominó un cambio de paradigma. El viejo paradigma, según los autores del descubrimiento, no explicaba por qué el Parkinson también afecta a la cognición, al sueño, al estado anímico..., por qué algunos síntomas no responden igual que otros a la medicación. Para mí, me parece que este cambio es tan revolucionario como el que Kuhn describe con el descubrimiento del oxígeno y la superación de la teoría del flogisto. Y, a su vez, tiene los mismos riesgos: el tratamiento del Parkinson está clarísimamente dominado por una potente industria farmacéutica que domina la producción y distribución de un amplísimo cóctel de medicamentos antiparkinsonianos. La reina del baile es la levodopa (cada paciente consume entre tres y cinco pastillas diarias) y, aunque el estudio no indica que su acción sea completamente desacertada, el cambio de paradigma que conduce hacia otras terapias me parece que pone en riesgo la posición de estos tratamientos farmacológicos en este particular mercado.

Todo está por ver, pero es significativo que las técnicas no invasivas mediante ultrasonidos, que llevan años en desarrollo, no se hayan extendido lo suficiente hasta ahora y que, en cambio, el enfoque siga siendo hasta hoy farmacológico y, en menor medida, quirúrgico. Será importante ver las resistencias (como viejos teóricos del flogisto) que puedan poner a este revolucionario desarrollo los defensores de la perspectiva farmacológica.

Es momento de celebración, por un lado, para la ciencia, por seguir activa buscando ir más allá de las anteriores fronteras y abrir la mirada a nuevas perspectivas que expliquen lo hasta ahora inexplicable. Por otro lado, es momento de alegría y esperanza para los pacientes, aunque también de vigilante atención y reivindicación, para que se introduzcan en nuestros sistemas sanitarios las terapias que se están demostrando como más efectivas. Que sigan investigando, pero también que se siga invirtiendo en tratamientos que ayuden a esta enfermedad.

Artículo original: https://www.nature.com/articles/s41586-025-10059-1

Enlaces de interés:

https://isanidad.com/359770/identifican-red-cerebral-responsable-enfermedad-de-parkinson/

https://sciencemediacentre.es/estudian-el-papel-de-una-nueva-red-cerebral-en-la-enfermedad-de-parkinson

https://www.scientificamerican.com/article/extraordinary-brain-network-discovery-changes-our-understanding-of/

martes, 25 de noviembre de 2025

"La Haine" 30 años después

 Ayer volví a ver, después de muchos años, la película de La Haine, dirigida hace ya 30 años por el jóven Mathieu Kassovitz. Fue en su día una película de referencia, que sacó a la luz de una forma muy efectiva, por lo directo y crudo del mensaje, la problemática de las banlieues populares en Francia: un fenómeno de segregación urbana al que no escapa la mayoría de las ciudades europeas, pero muy marcado especialmente por un tipo de urbanismo específico desarrollado en Francia, los grands ensembles, que acabó reuniendo en espacios ampliamente degradados a hijos de la inmigración, el fracaso escolar, la discriminación laboral y étnica, la pobreza, la exclusión, la drogadicción, la delincuencia... Menudo cóctel.

La sociología francesa ha dedicado décadas de trabajos en profundidad al estudio de las banlieues, estudiando tanto a los jóvenes de los barrios como también a los policías que operan en las cités. Desde los años 1980 las banlieues fueron objeto de recurrentes noticias por períodicos estallidos de violencia (La Haine se inspira en uno de estos episodios), aunque también por sus reacciones políticas: cómo no recordar a Nicolas Sarkozy cuando, siendo Ministro del Interior, llamó a los chicos de la banlieue "bande de racaille" ("chusma") a la que él iba a "nettoyer au Karcher" ("limpiar con la Karcher (sic.)"). Con menos foco mediático, no obstante, las banlieues han sido objeto, también en las últimas décadas, de procesos de renovación urbana, rehabilitación y demolición de edificios insalubres, así como de los proyectos más amplios de remodelación del paisaje urbano como la faraónica extensión del metro de París que actualmente se está llevando a cabo, que obviamente tendrá consecuencias sobre los entornos urbanos más degradados.

¿Está La Haine de actualidad? Me de la impresión de que no de la misma manera que en décadas pasadas. No porque el problema se haya resuelto (ciertamente no), sino precisamente porque en nuestras sociedades europeas se está intentando tapar el fenómeno de la exclusión y la segregación urbana, como si no ocurriera, como si los mismos procesos no se estuvieran reproduciendo igual que hace 30 años o incluso de forma más profunda. Esto es muy importante, y es que creo que el foco está cambiando peligrosamente de lugar. La segregación urbana está tan estrechamente vinculada a la inmigración, que una alternativa sería mantener el silencio sobre el problema para mantener el mito del "muro de contención" de la politización de la inmigración. Pero esto ya no funciona: es cosa de ver las últimas encuestas en Cataluña para hacese una idea. El problema es que, ante este panorama, ver a las víctimas de la segregación urbana como en La Haine puede ser tachado de miserabilismo, de ponerse del lado de los "delincuentes callejeros que siembran el terror en nuestras ciudades" (sic.). Si ya hace 20 años de la "racaille" de Sarkozy, ¿qué no será hoy cuando está extendiendose por toda Europa un malestar egoista contra los "perdidos" de la segregación urbana?

Dicho esto, vale mucho la pena (volver a) ver La Haine. A mí los personajes tampoco me resultan empáticos (algunas veces Saïd, algunas veces Hubert, nunca Vinz), pero la complejidad de la realidad que reflejan deja muchas puertas abiertas a la reflexión. 30 años después, con una estética, eso sí, bien diferente, con referentes culturales de otro tiempo, es una película a la que merece aproximarse, especialmente para verla con una mirada sociológica de su época y también de la época actual.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Los "intelectuales" de la universidad

Dominique Schnapper en su libro de memorias Travailler et aimer cuenta una anécdota que le ocurre a ella y a su padre, Raymond Aron, en pleno mayo del 68 (la traducción es mía):

"Mi situación en el Centro, entre Aron y Bourdieu, era evidentemente muy poco confortable. Escuchaba con indignación ese lenguaje revolucionario, cuando todos nosotros eramos pequeños burgueses más o menos acomodados, instalados en el confort de la función pública para el resto de nuestras vidas, alimentados por la República y perfectamente libres de criticarla. Me sentía muy ajena al movimiento en la forma que tomaba, por lo menos dentro de los laboratorios de ciencias sociales [...] Episodio cómico: en medio de la "revolución", Edgar Morin le pidió una cita a Raymond Aron. Yo me preocupé un poco, porque Edgar Morin estaba en el centro del movimiento. Mi inquietud era completamente infundada: ¡vino a contarle sus problemas de carrera en el CNRS! Era ligeramente surrealista para un "revolucionario"... [...] Me indignaba, por mi propia concepción de la sociología, al ver a mis colegas participar directamente en ese movimiento, como si su práctica profesional no sirviera más que para dar argumentos a la "revolución" en lugar de relativizarla, apreciarla, criticarla y comprenderla. Incluso algunos de ellos no dudaban en afirmar que su actividad de investigadores les hacía participar en la revolución en curso, que luchaban con las "masas", las "clases desfavorecidas" y los "dominados" contra los "dominantes". Cuando tenían preocupaciones profesionales, contaban que era por culpa de la tiranía del gobierno, ¡cuando en aquella época se promocionaba en el mundo académico siendo de izquierdas o comunista! En fin, me parecía que ahí había una mala fe bastante insoportable" (pp. 58-60)

Me parece que esto nos enseña que hay que fiarse más bien poco, o nada, de las cuitas y luchas que involucran a los académicos, especialmente en las ciencias sociales. Detrás de intereses de supuesta justicia, o de "mejorar el mundo", la mayoría de las veces no hay más que luchas de egos, preocupaciones de promoción y ascenso y mucho, mucho egoísmo.

martes, 11 de noviembre de 2025

jueves, 6 de noviembre de 2025

¿Cómo es que el cine sigue siendo igual que hace 20 años?

Durante algunas épocas de mi vida fui habitual de las salas de cine. Particularmente entre 2006 y 2007, los años en que estuve acabando mi tesis doctoral en París, fui prácticamente al cine cada día, disfrutando muchas tardes de dos sesiones seguidas, e incluso alguna vez de tres. En aquellos años lo ví todo o prácticamente todo. Realmente era el momento propicio: la oferta de cine de París era entonces (ahora no lo sé, la verdad) espectacular, inigualable, inacabable, mundial... Se podía ver cine de todas partes del mundo, de todas las épocas, la red de salas de cine era impresionante y las opciones de abonos para usuarios frecuentes eran tan beneficiosas que tenían que aprovecharse. Cada entrada salía para un abonado frecuente por una cantidad irrisoria si, como era mi caso, consumía unas 20 películas al mes, si no más. Era una válvula de escape magnífica, tras jornadas de trabajo pegado al ordenador escribiendo, pasar la tarde-noche entera en el cine. Vaya si aproveché la ocasión aquellos años.

Después, al regresar a España, bajé el ritmo. Ni la oferta de Madrid, y después de Barcelona, es la misma, ni aquí han existido nunca los abonos de los que disfruté en París. Aún así, seguí yendo al cine con bastante frecuencia hasta exactamente el año 2013, cuando nació mi hijo. Entonces dejé completamente de ir al cine y después, con los años, pasé a consumir productos audiovisuales y cine infantil, que tampoco está nada mal. Son épocas de la vida.

El caso es que la otra tarde volví al cine, a una de las pocas salas de referencia que quedan en Barcelona. Lo viví como algo importante: una especie de regreso a las raices. La primera constatación es que el cine estaba casi vacío: eramos cuatro gatos en la sala, todo un viernes por la tarde. Todos los presentes peinando canas. Salvo una pareja más jóven, que rondaría los 40, yo creo que era uno de los más jóvenes entre las alrededor de 15 personas que estábamos allí.

Pero lo que más me sorprendió, y es donde quería llegar, es que, leyendo las descripciones y viendo los trailers de las películas que se ofertaban, viendo los anuncios de las películas que se anuncian para las próximas semanas y meses y la propia película que elegí, es tener una tremenda e incómoda sensación de déjà vu. Casi 20 años después de la gran inmersión en el cine parisino, tuve la impresión de que las narraciones, las problemáticas, los personajes, los escenarios y las escenas, los contextos, las formas de actuar, los lenguajes, la música, los guiones... son los mismos que yo consumía hace 20 años. ¡Hasta la sintonía del programa Europa Cinemas es la misma! ¿Se ha quedado el cine anquilosado? Tuve una desasosegante sensación de que el tiempo no había pasado. Allí estaba yo, viendo una película de hoy... contada igual que hace 20 años. Me parece que pocos ámbitos de nuestra sociedad pueden decir lo mismo. Eso sí, tiene pinta de que a las nuevas generaciones el consumo de este tipo de producto cultural no les interesa demasiado. En fin.. volveré al cine, porque es siempre una magnífica experiencia, pero espero que no vuelva a ser otro viaje igual en el túnel del tiempo, que ni siquiera evoca nostalgia.

miércoles, 15 de octubre de 2025

Viviendo con Parkinson: una historia personal

Vivo con un diagnóstico de Parkinson desde hace unos dos años y medio. Los síntomas se me revelaron hace ahora cinco años cuando, en medio de las horribles restricciones a la libertad en la época de la pandemia, después de largos días trabajando delante del ordenador (aquel año impartíamos las clases en remoto a través de la pantalla y además estaba dedicado intensamente a la preparación de un congreso europeo, también en remoto), empezó a dolerme el brazo derecho con una fuerte contractura por encima del hombro. Parecía algo postural, por culpa de las largas horas sentado delante del ordenador. Luego continuó con un episodio en que, una mañana, me desperté con una terrible sensación de parálisis en la cara que se trasladó a un persistente dolor de cabeza que arrastro hasta hoy y que, felizmente, por fin parece que me lo están tratando con eficacia. No es momento ahora de lamentarse del infame periplo médico que me hizo pasar una ya fallecida médica de cabecera que, hasta ese momento, me había tratado con muy buena atención pero que se empeñó en que lo que me sucedía era fruto del estrés. Estrés tenía, por supuesto, pero sin duda había algo más detrás.

El periplo de alrededor de dos años y medio de dolor sin diagnóstico fue sin duda el tiempo más duro. Que tu cuerpo vaya fallando poco a poco (cada día te duele la cabeza sin remedio, un día tienes una extraña sensación de que el brazo se te queda paralizado cuando vas conduciendo el coche, otro día, meses después, el dolor pasa la pierna y a la punta de los dedos del pie, un día te das cuenta de que el brazo derecho no oscila cuando caminas…), sin respuesta, es una vivencia tremenda de incertidumbre. Un día, felizmente, una joven doctora sustituta por fin me envió a una consulta de neurología, donde pronto le dieron un nombre a lo que me pasaba, o a parte de lo que me pasaba. Curiosamente, la ciencia, que es básicamente un campo de poder donde se atribuyen etiquetas a diversos procesos, tiene desvinculado el diagnóstico de Parkinson del dolor de cabeza, a pesar de las múltiples evidencias (estas sí, evidencias) de que muchos pacientes sufrimos dolor de cabeza vinculado con la enfermedad. Lo que pasa es que no debe haber mucho interés en desarrollar fármacos sobre este tema, lo cual, como todos sabemos, es el motor principal de la investigación médica. 

Pero bueno, vivir con Parkinson es toda una experiencia que, si te ha tocado vivirla, te impone importantes desafíos en tu vida. Sigo trabajando en la universidad. Estar en clase transmitiendo un mensaje y hablando en público demuestra ser una actividad que genera dopamina, y por tanto salud dentro de la enfermedad. Tengo un respeto enorme por los estudiantes a los que trato en la universidad, y encuentro que ellos me lo tienen a mí. Mientras esta combinación siga funcionando, intentaré seguir al pie del cañón. Pongo todo mi esfuerzo en ello.

Tras el diagnóstico es normal pasar por fases difíciles, aunque para mí las más difíciles fueron, como digo, las previas a ponerle un nombre a mi situación. A partir de ahí todo es luchar, seguir adelante, poner prioridades vitales, personales y también laborales. La vida cambia, la rutina pasa a incluir una serie de medicamentos que hay que tomar siempre, situaciones de ensayo y error, pero también se incluyen nuevos desafíos, darte cuenta de que lo que mejor te va es estar activo en todas las dimensiones de la vida. Tomás conciencia, por narices, de tu cuerpo, de sus capacidades y limitaciones. Valoras mucho más las cosas buenas que tiene la vida en este planeta… Seguimos.

jueves, 24 de abril de 2025

La evidencia científica (sic.)

Por influencia del inglés (los doctos en esa lengua sabrán de dónde les viene la expresión) leo y oigo cada vez con más profusión la expresión "evidencia científica". Según la RAE, evidencia es: "Certeza clara y manifiesta de la que no se puede dudar". Es decir, por lo que uno puede saber de ciencia, precisamente lo contrario de la ciencia que por definición siempre es duda, búsqueda, demostración, prueba, necesidad de ir más allá, cuestionamiento de lo que parece obvio...

Es, por tanto, mucho más adecuado decir "prueba científica" o "demostración científica". De hecho, así lo hace la propia wikipedia: donde en inglés la entrada es "Scientific evidence", en español es "Prueba científica" donde, por cierto, se explica muy claramente el falso amigo:

"La prueba científica no es una evidencia. En inglés la palabra correspondiente a "prueba" es "evidence", lo que ha llevado a muchos hispanohablantes a utilizar la palabra "evidencia" en el sentido de "prueba". Este error tan habitual es un falso amigo. La palabra inglesa "evidence" se traduce como "prueba" y la palabra española "evidencia" se traduce e inglés como "obviousness" (aquello que es "obvious", es decir, "evidente").

La evidencia es un conocimiento que para ser validado no necesita ni de ninguna observación empírica ni de ninguna demostración racional. Es aquel conocimiento que se legitima a sí mismo porque él mismo constituye para todo ser racional, y de manera inmediata, su propio criterio de verdad. La prueba científica, en cambio, no es de ninguna manera evidente sino que se apoya en la observación de uno o más datos empíricos."

Por tanto, "prueba científica" mucho mejor. En el medio queda la "demostración científica", que tiene un poquito de evidencia y un poquito de prueba. Así lo señala la RAE: mientras que en su acepción número 4 nos dice "Prueba de algo, partiendo de verdades universales y evidentes", en la 5 es "Comprobación, por hechos ciertos o experimentos repetidos, de un principio o de una teoría". Yo creo que es más potente como sinónimo de "prueba" y, por tanto, también sería adecuado utilizarlo.

miércoles, 9 de abril de 2025

La "novedad"

Una cuestión para reflexionar sobre el mundo en el que estamos viviendo es la constante exigencia de innovación, de aportar nuevas perspectivas, nuevos análisis, buscando en definitiva la última “novedad”. Esta exigencia impone una tremenda presión sobre los jóvenes que se están formando en una sociedad de la que se dice que no conocerán el futuro. Es obvio, pues se les está exigiendo que todo ha de ser “nuevo” en el futuro que vivirán. ¿Pero realmente la humanidad está yendo por el buen camino buscando la novedad de las cosas? ¿Lo nuevo ha de ser siempre mejor? Yo creo que tiene que llegar de una vez el momento de parar, reflexionar, mirar a la historia, a los grandes nombres del pensamiento universal, y volver a centrarnos en la naturaleza humana. No, lo nuevo no es forzosamente lo mejor. De hecho, en nuestras sociedades avanzadas, desarrolladas, modernas, creo que estamos peor que hace unos cuántos años. Se me ocurren tantos ejemplos de lo “nuevo” como muchísimo peor que lo anterior, que la lista sería larguísima. En el ámbito académico de las ciencias sociales, con miles de personas trabajando para publicar la última novedad de un microespacio limitado de especialización, pero que luego lees a Durkheim, Weber, Montesquieu, Aristóteles, San Agustín… yo qué sé, y ya han escrito hace décadas y siglos con precisión acerca de nuestras formas de vida en sociedad. En el ámbito del trabajo, en el que los jóvenes se les exige aplicar las últimas novedades de gestión del tiempo, la información, los “recursos humanos”, ¡qué sé yo!, todo para infundir un estrés que a muchos se les vuelve insoportable. En la educación, donde a los maestros se les exige constantemente innovar y en realidad lo que se les está exigiendo es rellenar papeles burocráticos… Será que he alcanzado la edad del escepticismo, pero yo creo que va siendo hora de que las generaciones jóvenes se rebelen contra este sistema que no nos lleva a un mundo mejor: menos novedades y más seguridad para las vidas de las gentes.

miércoles, 2 de abril de 2025

La politización de la inmigración en España (2025)

 No cabe duda de que la cuestión de la inmigración en Europa está actualmente en el centro de la agenda política, afectando directamente a las estrategias discursivas y electorales de todos los actores que se desenvuelven en el campo político. Durante décadas se procuró establecer "muros de contención" a la politización de la cuestión, como así ha ocurrido en España, con el fin de evitar, entre otros aspectos, situaciones de choque y de conflicto entre las poblaciones autóctonas y los recién (y no tan recién) llegados. Hoy las sociedades europeas son ampliamente multiculturales -y no es una crítica ni una celebración sino básicamente la constatación de un hecho- y esto está dando lugar a la emergencia de acciones y reacciones identitarias de diverso tipo que vuelven a poner sobre la mesa la cuestión de la inmigración en el terreno electoral, en el debate político nacional y europeo y en el escenario mediático.

Hace muchos años, en 2013, publicamos en un libro colectivo "Actores y demandas en España: análisis de un inicio de siglo convulso" un análisis que, leído a día de hoy, me parece que resulta muy certero de las estrategias seguidas y los riesgos posibles referentes a la politización de la inmigración. Creo que está más de actualidad que nunca y por eso creo que conviene rescatarlo. Se puede leer aquí:

Martín Coppola, E., Martín Pérez, A. (2013) “Evitar la politización de la inmigración: equilibrios frágiles y debilidad de los actores” en Morán, M.L. (ed.), Actores y demandas en España: análisis de un inicio de siglo convulso, Madrid: La Catarata.

También tiene un estrecho vínculo con el análisis nuestro artículo de 2019: Ferrás Murcia, M., & Martín Pérez, A. (2019). Asociaciones de inmigrantes y participación política como sociedad civil: un estudio de caso en Barcelona. Migraciones. Publicación Del Instituto Universitario De Estudios Sobre Migraciones, (46), 179–204. https://doi.org/10.14422/mig.i46.y2019.007

jueves, 27 de marzo de 2025

Deriva belicista en Europa

Los países de Europa occidental... bueno, más que los países, buena parte de los gobiernos de los países de Europa occidental, acompañados o acompañando a las autoridades no electas de las instituciones de la Unión Europea, junto con los principales medios de comunicación mainstream, se han embarcado en los últimos tiempos en una narrativa o discurso belicista inaudito en la historia de las últimas décadas en Europa. Quienes creíamos haber crecido en sociedades democráticas, que someten al juicio de la razón y al control del ejercicio del poder a las instituciones estatales, en un juego recíproco de legitimación del poder político y reconocimiento y ejercicio efectivo de derechos de ciudadanía, nos encontramos ante un escenario inaudito. En el caso de España, aparentemente, el Gobierno ni siquiera plantea pasar sus decisiones por el voto, obligado, de las decisiones de gasto a través de la ley -una de las principales obligaciones constitucionales del Gobierno- de presupuestos generales del Estado. Creo que es momento en que, si realmente vivimos en las sociedades democráticas en las que creíamos vivir, en las que el ejercicio de la libertad sea real y el reconocimiento de nuestros derechos de ciudadanía efectivo, estas afloren para controlar la deriva de poderes descontrolados ante los que nos estamos encontrando. Las alternativas en el mercado político no son muy halagüeñas, por eso creo que la solución está en la sociedad, que pueda demostrar de una vez su autonomía y su capacidad de acción como sociedades democráticas. El escenario es muy preocupante. Si no lo remediamos, creo que vamos directos al desastre.

viernes, 21 de marzo de 2025

"Poder y política" de María Luz Morán y Jorge Benedicto

 No soy muy prolífico en la publicación de notas en este blog, pero cuando cae en mis manos una joya de la sociología hecha y publicada en España no tengo otra que lanzarme a recomendarla. Así ocurre con el libro "Poder y política" de María Luz Morán y Jorge Benedicto, tandem inigualable de la sociología política en España, que vuelven treinta años después sobre la traza de su muy influyente manual colectivo de 1995 "Sociedad y política: temas de sociología política", que ha sido referencia necesaria de la disciplina y fuente de aprendizaje para varias generaciones de sociólogos en España e Hispanoamérica.

Poder y política es, igual que el tratado de sociología del trabajo de Carlos Prieto que recomendé recientemente, una rara avis en los tiempos de los papers impactantes publicados en inglés: se trata de una obra de síntesis de la disciplina, que aúna prácticamente todos los debates fundamentales, de hoy y de ayer, de la disciplina de la sociología política. La verdad es que el esfuerzo realizado es impresionante, sobre todo en el contexto en que, en los diversos planes de estudio de sociología en España, la disciplina de la sociología política ha venido quedando diluida en materias con títulos diversos que tratan parcialmente la cuestión. Así, en la Universidad de Barcelona los temas de sociología política están en dos asignaturas obligatorias (Intervención política y social y Estado y sociedad) y una optativa (Conflicto social y acción colectiva), lo cual no está mal, pero hacen que la disciplina se perciba de manera bastante fragmentaria.

El libro comienza resituando la agenda de investigación de la sociología política en el contexto de las transformaciones actuales del ejercicio del poder y la organización de nuestras sociedades, aunque recordando que muchos problemas que se nos presentan como "nuevos" en realidad tienen eco en los autores y perspectivas clásicas. Se aborda el tema del poder, la reconfiguración del poder estatal, la idea de sociedad civil, la ciudadanía, los fundamentos culturales de las identidades políticas (genial recordatorio de nuestros queridos maestros, hoy que prácticamente no se habla ya de "cultura política" cuando sigue siendo un aspecto fundamental), la acción colectiva, la protesta y la violencia, acabando con la "novedad" de la guerra, que hoy día está más de actualidad que nunca, con nuestros dirigentes y sociedades embarcadas en discursos y dinámicas belicistas que parecíamos haber dejado atrás, muchas veces llevándonos a obviar el tema.

El libro se lee muy bien, es dinámico y muy pedagógico, sirve perfectamente de manual actualizado de un curso de sociología política (contra corriente, en la época de los campus virtuales y los textos online) y, repito, es un trabajo íntegro, de síntesis, que presenta prácticamente todas las alternativas y que aporta una magnífica actualización a la disciplina. Gracias, queridos maestros, por esta excelente contribución a las generaciones de estudiantes y sociólogos de, esperemos, los próximos treinta años. Por mi parte, es siempre un placer haberme formado y seguir formándome y aprendiendo con vosotros.

miércoles, 12 de febrero de 2025

Creo que no entiendo nada del mundo en que vivimos

 Sufro una enfermedad neurodegenerativa que, lejos de experimentarla como una mochila más de la vida, me produce dolores que me recuerdan continuamente mi situación. Esto es el motivo de que lleve una vida muy autorreferencial: mi mirada es en la mayoría de los casos hacia mí mismo, mi cuerpo me lo recuerda constantemente, eso sí, sin menoscabo de una preocupación extendida por mi familia, lo que más quiero en el mundo.

Esto no quita que uno no levante de vez en cuando la cabeza y mire a su alredededor. He estudiado sociología y Derecho, lo que no significa nada en sí mismo aunque sí, en realidad, se me presupone una sensibilidad hacia los procesos que se desarrollan en la esfera pública. Somos resultado de nuestra experiencia. En la esfera pública, y particularmente en el terreno político, con decir que viví de cerca los terribles años del procés en Cataluña ya debería ser suficiente para situarse. Pero lo voy a recordar: años de no poder hablar con nadie de cuestiones sustanciales de la vida en común hacen mella en la socialización política de un mismo. En aquella época solía pensar y decir "Siempre nos queda Madrid", pues allí sí se podría hablar. Lo malo es que "Madrid", en realidad toda España, ha vivido un proceso de cataluñización (que no catalanización) tremenda. Ahora parece como si nadie pudiera hablar de nada. La pandemia tampoco ayudó precisamente. O esa es mi impresión, repito, cuando levanto la cabeza de mi ensimismamiento y burbuja familiar.

En fin, que lee uno las noticias o escucha la radio y piensas ¿Cómo es que nadie dice que en una democracia no se pueden tomar decisiones de gasto público, fiscales, del sistema de seguridad social, salario mínimo, etc, sin aprobar los presupuestos generales del Estado? ¿Cómo es que nadie se da cuenta de mencionar que el único proyecto de ley que está obligado a presentar un gobierno anualmente es la Ley de presupuestos? ¿Que sin ley de presupuestos no puede funcionar la Administración pública?. Cualquier debate contingente de los que se plantean en la escena política española debería empezar por ahí, digo yo. Si un gobierno quiere cambiar la cuantía del salario mínimo, quiere plantear reformas fiscales, quiere actualizar el sistema de pensiones... que presente los presupuestos, que es su única obligación en términos legislativos en realidad.

Pero no todo es "la política" (lo político va mucho más allá). Tampoco entiendo el mundo al que nos conduce la "inteligencia artificial". Mi experiencia es reducida en este aspecto. Debo decir que yo la utilizo cada día para algunas tareas como revisar textos en inglés, traducir al español a partir de idiomas que ignoro, y a veces también preguntar sobre cuestiones sustantivas de conocimiento (aunque le he "pillado" a la máquina más de una vez y en una reciente ocasión se me ha puesto farruca, diciendo que ella tenía razón y cerrada a aprender, cosa curiosa que la hace hasta "humana"). Los estudiantes de la universidad también la usan, continuamente, y esto es un desafío para la docencia universitaria. Sin duda. Pero más que para preguntarnos cómo evaluar, o cómo cambiar nuestros sistemas de evaluación, mi reflexión es sobre lo que les espera a las generaciones del futuro. Yo soy de los que piensa que la universidad es un espacio de paso fundamental, que otorga credenciales esenciales para desenvolverse en la vida y, con ello, en el mercado laboral. Pero no debemos guiarnos por criterios de utilidad económica: lo que ofrece el mercado laboral se aprende allí. Esto hace que la universidad, y particularmente las formaciones de ciencias sociales, sea un espacio de reflexión y crítica en el que aprovechar el tiempo para nutrirse de una formación humanística fundamental para poder desenvolverse como personas libres y conscientes en la vida. Por eso, cuando yo a un alumno le ofrezco la lectura de un texto fundamental de la sociología, me produce gran tristeza que responda a esta oferta con un mero resumen generado por IA, en lugar de detenerse (qué mejor que ser joven y detenerse un momento, que la vida luego ya nos acelera demasiado después) a leer, subrayar, dudar, preguntarse, preguntar... No sé. Creo que estos procesos están llevando a acelerar procesos que ya estaban en marcha años atrás (ver L'esprit démocratique des lois, de Dominique Schnapper, o mi artículo sobre esto), esto es, la desacralización (y banalización) de instituciones que son necesarias para la organización y cohesión de nuestras sociedades. Esto incluye a la universidad, que se desprestigia exigiéndosele "utilidad" (utilidad mercantilista, se entiende) y se autodesprestigia con la bajada del nivel de exigencia (entono también el mea culpa) y con prácticas como las que señalaba. En fin, será la edad, será la enfermedad, pero me cuesta mucho entender los procesos actuales...

(Sobre otros procesos políticos globales me ocurre tres cuartos de lo mismo...)

martes, 17 de diciembre de 2024

Dos libros muy interesantes de la sociología española actual

La sociología española es actualmente muy prolija en avances científicos. Se publican decenas y cientos de artículos impactantes en revistas de impacto y los académicos españoles son cada vez más profesionales en el desarrollo de su oficio. Es una excelente noticia, la verdad. Sin embargo, cada vez cuesta más recomendar textos de referencia que sinteticen nuestros conocimientos y transmitan nuestro saber a los profanos, a la sociedad en general y, claro que sí, a nuestros estudiantes. Textos de españoles escritos en español para un público español e hispanohablante. Pues bien, este año 2024 hay dos excelentes publicaciones en el ámbito de la sociología del trabajo que valen realmente la pena, que sirven de textos de referencia para todos aquellos que quieran conocer a fondo los debates y aportaciones de nuestra disciplina.

El primero de ellos es el libro del gran maestro de la sociología del trabajo, Carlos Prieto, "Las metamorfosis del trabajo y de la relación salarial: el caso español". Carlos Prieto realiza un recorrido sociohistórico, inspirado en la magnífica e irrepetible obra de Robert Castel (1995) "Las metamorfosis de la cuestión social", de la transformación de la institución social del trabajo (y del empleo) en la España contemporánea, siempre en el marco general de la sociología del trabajo en las sociedades contemporáneas. El libro sintetiza décadas de investigaciones y docencia sobre la cuestión y nos trae, en esta época de dominio digital, una obra "de manual", referente sin duda para la enseñanza y la investigación de la sociología del trabajo. Si la salud me lo permite, será un referente fundamental en mi docencia de los próximos años, sin ninguna duda, por su calidad académica, su detalle analítico y su clarísimo estilo pedagógico. Además, creo que es un trabajo de lectura y conocimiento fundamental de la sociología para el conjunto de la sociedad.

El segundo libro que me ha sorprendido y encantado es el libro colectivo coordinado por los admirados colegas Alberto Riesco y Arturo Lahera "Detrás de tu App",  Es un trabajo coral que aplica los conocimientos actuales de la sociología del trabajo, y también de otras ramas de la sociología, al estudio de la llamada "economía de plataformas", todo ese sector de servicios mediados por las aplicaciones tecnológicas que esconde detrás experiencias e historias de desregulación, precariedad, fraudes y puenteos de la legislación, presiones hacia la consecución de regulaciones en diversos sentidos y, sobre todo, nos enseña un camino hacia una realidad del mercado de servicios que tiene toda la pinta de seguir orientando buena parte de nuestros comportamientos de consumo en los próximos años. El libro contiene textos excelentes que analizan distintos ejemplos de dichas plataformas. Vale realmente la pena.

Espero que sirvan estas recomendaciones para que en España leamos más, y además leamos sociología asequible a toda la sociedad. Son, sin duda, dos excelentes trabajos que lo merecen.




sábado, 27 de enero de 2024

La calma

 Durante varios años pasados estuvimos estudiando "La industria de la felicidad". Se trata de un compendio de propuestas que la sociedad actual, y en realidad desde largo tiempo, aunque históricamente dirigidas a las élites, nos lanza ahora a todos (o bombardea, más bien) para que no pensemos en la senda hacia la que se dirige nuestro mundo y nuestras vidas. Para que no reflexionemos en, por ejemplo, nuestro creciente empobrecimiento desde hace décadas, la reducción de nuestras libertades, el deterioro de las democracias y auge de los gobiernos autoritarios, el hundimiento de la educación, el deterioro de los servicios públicos, la destrucción de los valores morales de nuestras sociedades, etcétera. Como dicen por ahí, "No tendrás nada y serás feliz". La búsqueda de la felicidad actual contiene así un buen poso de una identidad alienada. Pero es, no obstante, atractiva y liberadora a su vez. Tiene su efecto, y ese es el secreto de su éxito: te hace olvidar los males del mundo, pero es que salir de ellos, aunque sea mentalmente, es positivo para el mantenimiento de la integridad de uno mismo. Evadirse, huir de los problemas... la paz interior, la calma, en definitiva.

Referencia: Martín Pérez, A., Rodríguez Díaz, J. A., Condom Bosch, J. L. y Domínguez Aguayo, A. (2021) «Recetas para la felicidad: una propuesta para el análisis de la orientación moral de acciones y emociones», Debats. Revista de cultura, poder y sociedad, 135(1). doi: 10.28939/iam.debats-135-1.1.

jueves, 29 de junio de 2023

Mi vida ha cambiado

 Dos años y medio de dolores de cabeza que no se iban, dolor y rigidez en el brazo y, durante este año, una creciente y dolorosa rigidez en la pierna han resultado en un diagnóstico de la enfermedad de Parkinson. Así es, parece ser que tengo Parkinson desde hace unos tres años pero hasta ahora no he tenido un diagnóstico. Estoy bien, tranquilo, porque desde que lo sé he dejado atrás una larga angustia causada por múltiples dolencias que no sabía de dónde venían: además del dolor, apatía, desinterés por las cosas sobre todo del trabajo, y en particular del terreno de la investigación, una severa bajada del rendimiento laboral, visos de depresión, sufrimiento en general que me impedían disfrutar de la vida como debe hacerse. Pero ahora sé qué me pasa y, aunque la noticia es dolorosa en un primer momento, y el dolor físico sigue por días, desde el punto de vista médico me han señalado un escenario de vida normal y activa, lo cual es bastante esperanzador. Sin embargo, lo más importante es que este giro vital me centra en lo más importante: disfrutar de la vida y ser feliz. Hacia allí me dirijo, con más sentido que nunca.